ACV: las señales de alerta que no debes ignorar y por qué cada minuto puede salvar tu vida
Cada minuto cuenta cuando se interrumpe la circulación de sangre hacia el cerebro. El accidente cerebrovascular (ACV), también conocido como infarto cerebral, afecta a más de 93 millones de personas en el mundo¹ y es la segunda causa de muerte en el Perú². Pese a su alta incidencia, especialistas advierten que muchos pacientes llegan a las salas de emergencia fuera de la ventana de tiempo en la que los tratamientos médicos son más efectivos.
Manuel Moquillaza, neurólogo intervencionista, recalca la importancia de actuar sin demora: “En el infarto cerebral, el tejido nervioso se destruye segundo a segundo. Cada minuto sin oxígeno representa la pérdida de casi dos millones de neuronas. Mientras más rápido se identifiquen las señales y el paciente ingrese a un centro hospitalario con capacidad resolutiva, mayores serán las probabilidades de disolver o extraer el coágulo a tiempo y evitar secuelas invalidantes de por vida”.
Los síntomas suelen aparecer de forma repentina e incluyen parálisis o adormecimiento de un lado del cuerpo, pérdida de fuerza en un brazo o una pierna, desviación de la boca y dificultad para hablar o comprender palabras. Ante la aparición súbita de cualquiera de estas señales de alerta, el especialista recomienda seguir este protocolo de actuación:
- Realizar una prueba rápida para identificar tres señales: pedir a la persona que sonría para comprobar si la comisura de la boca se desvía hacia un lado; solicitarle que levante ambos brazos para observar si uno pierde fuerza o cae; y pedirle que repita una frase sencilla, como su nombre o un refrán, para identificar posibles dificultades al hablar o articular palabras.
- Llamar al SAMU (106) o coordinar el traslado inmediato: solicitar una ambulancia e informar sobre la sospecha de un infarto cerebral para facilitar la preparación del equipo hospitalario. Si se utiliza un vehículo particular, se debe acudir de inmediato a un hospital o clínica con capacidad para atender este tipo de emergencias, evitando establecimientos que no cuenten con los recursos necesarios.
- Registrar la hora exacta de inicio de los síntomas: anotar el momento preciso en que comenzaron las molestias o la última vez que la persona fue vista en condiciones normales. Este dato es fundamental para que los médicos determinen si el paciente puede acceder a las terapias de reperfusión cerebral.
- Procurar que el paciente esté en una posición segura: mantenerlo en una postura que facilite la respiración y reduzca el riesgo de atragantamiento si presenta vómitos. Es importante seguir las indicaciones del personal de emergencia y evitar movilizarlo innecesariamente.
- Evitar la administración de alimentos, líquidos o medicamentos: no suministrar agua, café, comida ni fármacos sin indicación médica. Un error frecuente y peligroso es administrar medicamentos para reducir rápidamente la presión arterial, ya que podría comprometer aún más el flujo sanguíneo hacia el cerebro.
- Recopilar información médica importante: mientras llega la ayuda, reunir la lista de medicamentos que consume habitualmente la persona, especialmente si utiliza anticoagulantes, así como sus antecedentes de hipertensión, diabetes u otras enfermedades y cirugías previas.
Toda esta información es fundamental para que el equipo médico confirme el diagnóstico mediante estudios de imágenes y active las terapias de rescate disponibles. Alrededor del 87 % de los casos corresponde a un ACV isquémico, provocado por un coágulo que obstruye una arteria cerebral³.
Frente a este escenario, la medicina ha logrado avances significativos. “Aunque tradicionalmente se recurre a fármacos endovenosos para disolver los coágulos durante las primeras cuatro horas y media, muchos pacientes no logran llegar al hospital dentro de esa ventana de tiempo. Ante esta situación y cuando existe una obstrucción en una arteria de gran calibre, una de las principales alternativas es la trombectomía mecánica, un procedimiento mínimamente invasivo que permite extraer directamente el coágulo. Esta técnica se ha consolidado como una herramienta eficaz para salvar vidas y reducir el riesgo de parálisis o discapacidad permanente”, explica Moquillaza.
En los casos de ACV hemorrágico, provocado por la ruptura de una arteria que ocasiona un sangrado dentro del cerebro, el abordaje médico se centra en estabilizar la presión arterial y brindar atención en cuidados intensivos. Cuando el sangrado es extenso, también puede ser necesario evaluar una intervención quirúrgica de urgencia para aliviar la presión dentro del cráneo.
“Aunque los síntomas parezcan leves o desaparezcan al poco tiempo, es fundamental no minimizarlos. Solo una evaluación especializada inmediata permite actuar antes de que el daño cerebral sea irreversible y aplicar el tratamiento adecuado para cada paciente”, concluye el doctor Moquillaza.

